Poner la contraculturalidad como punto de partida me parecería un error. Los católicos no actuamos por reacción sino que lo hacemos por adhesión a una Persona que es Jesucristo. Por ello se nos llama cristianos.

Evidentemente no nos chupamos el dedo y sabemos que debemos reaccionar contra ciertos presupuestos, circunstancias e imposiciones. Estamos de acuerdo. Pero esto es colateral, circunstancial. Si todo ello sirve para algo es para situarnos en la senda correcta. Debe movernos el vivir la cultura cristiana en su integridad, por amor y no como reacción.

Todos estamos de acuerdo que la reflexión sobre este nuevo modo de vivir no puede quedar invadida por posturas que denoten un querer huir del mundo en el que hemos sido puestos para combatir el noble combate de la fe. Este es el motivo de esta entrada. Debemos aclarar, con cosas concretas y encarnadas, los motivos que nos urgen a tomar esta determinación. Si se me permite decirlo, y para que nos ayude a “discernir” (término manido, poliédrico e incluso polisémico), los elementos fundamentales de la vida cristiana deben ser cuidadosamente preservados y tenidos en cuenta. La raíz, el cogollo, no puede quedar menoscabado en ningún grado. Ahí es donde creo que debemos ser exquisitos para evitar lo que todos tememos y lo que tantos nos achacan: ser una secta, un gueto. Vida de sacramentos y oración, comunidad y fraternidad, evangelización, estudio y trabajo, actividad física y artística, etc. La cultura cristiana, al fin y al cabo, “toma toda la arquitectura, el arte, las instituciones políticas y sociales, toda la economía, las formas de vivir, de sentir y de pensar de los pueblos, su música y su literatura, todas estas realidades, cuando son buenas, son medios de favorecer y de proteger el santo sacrificio de la Misa” (John Senior). Y la Santa Misa es, dicho por el mismo autor, la máxima esencia de la cultura cristiana.

Sigo con una lista de sugerencias para poder continuar con este proceso de reflexión y maduración:

  • Imprescindible: llevar una vida de piedad seria. Sacramentos, oración, mortificación, caridad y fidelidad al Magisterio y a la Tradición de la Santa Madre Iglesia
  • Pedir luz al Espíritu Santo para que sea Él quien ilumine nuestras decisiones
  • Leer el libro “La restauración de la cultura cristiana” de John Senior
  • Leer “El despertar de la señorita Prim” de Natalia Sanmartin Fenollera
  • Leer “La opción benedictina” de Rod Dreher
  • Escuchar canto gregoriano y música clásica
  • Intentar poner de todas las maneras en práctica lo que esperamos de la vida del pueblo donde queremos vivir (trabajo manual, aire libre, huerto, buena música, tocar instrumentos, teatro, etc.)
  • Hablar con los hijos de estos temas
  • Crear círculos presenciales para hablar de nuestras inquietudes
  • Hacer salidas de día o de fin de semana al campo o al monte
  • Programar vacaciones juntos en un lugar similar al que esperaríamos vivir
  • Buscar información sobre lugares en que se viva de esta manera o ideas similares para recabar ideas (Nomadelfia, Clear Creek, Ave Maria University, etc.)
  • Hablar con detractores y críticos de nuestros postulados
  • Apertura al mundo como condición indispensable. ¿Qué relación queremos tener con el mundo? ¿Qué visibilidad vamos a ofrecer?
  • ¿Qué haremos por el mundo? ¿Por los demás? ¿Qué obra de caridad?
  • Concretar oficios posibles y negocios viables (siempre dentro de la mentalidad distributista)

Aquí os dejo un conjunto de puntos que creo pueden servir para ir tratando. Habrá muchos más pero suelto mi propuesta para que podamos ir viendo si es lo nuestro.

P. Pablo Pich-Aguilera

Sufficit tibi gratia mea

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